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Una fidelidad que genera futuro

  • Writer: Oslam Celam
    Oslam Celam
  • Jan 7
  • 4 min read

El corazón del ministerio sacerdotal


OSLAM



En un momento en que la Iglesia navega por aguas marcadas por la transformación cultural, las heridas del pasado y la urgente necesidad de renovación, el Papa León XIV ha publicado la Carta Apostólica Una fidelidad que genera futuro, con motivo del sexagésimo aniversario de los decretos conciliares Optatam totius y Presbyterorum ordinis. Este texto no es solo una conmemoración histórica, sino una llamada profunda y urgente a revitalizar el ministerio sacerdotal desde sus raíces evangélicas.


Fidelidad: no solo como lealtad, sino como fecundidad

El título mismo del documento revela su núcleo: la fidelidad no es mera lealtad al pasado, sino una fuente viva que engendra futuro. El Santo Padre insiste en que “no celebramos un aniversario de papel”, sino que los decretos del Concilio Vaticano II conservan “una gran frescura y actualidad”. La fidelidad al sacerdocio es, ante todo, fidelidad a Cristo, cuya voz sigue llamando hoy: “Ven y sígueme”.


Esta fidelidad se vive como un camino cotidiano de conversión, sustentado en la oración, la Eucaristía, la Palabra de Dios y la fraternidad. El Papa recuerda que cada día el sacerdote debe volver al lago de Galilea, donde Jesús le pregunta: “¿Me amas?” (Jn 21,15). Es en esa repetida respuesta de amor donde se renueva la identidad ministerial.


Formación permanente: más allá del seminario

Uno de los acentos más destacados es la formación permanente. León XIV subraya que la formación sacerdotal “no se detiene en el tiempo del seminario”, sino que debe ser un dinamismo continuo que abarque lo humano, espiritual, intelectual y pastoral. En este sentido, celebra iniciativas como el reciente Congreso para la formación permanente de los sacerdotes (febrero de 2024), que reunió a más de 800 responsables de 80 países.


Ante las crisis recientes —especialmente los abusos cometidos por miembros del clero—, el Papa enfatiza que la formación integral es una urgencia pastoral. No basta con la preparación intelectual: se requiere madurez humana, afectiva y espiritual. “El seminario debe ser una escuela de los afectos”, afirma, invitando a los futuros sacerdotes a transfigurar toda su humanidad en la lógica del grano de trigo que muere para dar fruto (Jn 12,24).


Fraternidad presbiteral: don y tarea

El documento recupera con fuerza el ideal del presbiterio como comunidad fraterna. Lejos del individualismo pastoral, el Concilio enseñó que “ningún pastor existe por sí solo”. Los sacerdotes están unidos no solo por una misión común, sino por un vínculo sacramental que los constituye en “hermanos entre hermanos”.


El Papa denuncia realidades que rompen esta comunión: la desigualdad económica entre presbíteros, la falta de atención a los ancianos o enfermos, y la soledad que afecta a muchos en contextos de secularización. Frente a ello, exhorta a promover formas reales de vida en común, donde se cultive la espiritualidad, se comparta el ministerio y se prevengan los peligros del aislamiento.


Sinodalidad: un nuevo estilo de ser Iglesia

La Carta se inscribe decididamente en la dinámica del camino sinodal. León XIV invita a los sacerdotes a “abrir el corazón” a los procesos sinodales, superando modelos de liderazgo centrados únicamente en la figura del presbítero. En una Iglesia sinodal, el ministerio ordenado se ejerce en comunión con los laicos, los diáconos y el obispo, valorizando los carismas de todos los bautizados.


“La configuración con Cristo Cabeza no implica una exaltación que lo coloque por encima del resto”, recuerda citando a Evangelii gaudium. El sacerdote, en lugar de ser un “jefe”, es un servidor que escucha, acompaña y promueve la participación de todo el Pueblo de Dios.


Misión: salir de sí para encontrar la identidad

Quizá una de las frases más impactantes del documento es esta: “Si no sales de ti mismo, el óleo se vuelve rancio y la unción no puede ser fecunda”. La identidad sacerdotal no se encuentra en la introspección, sino en la misión. El presbítero es “para” —para Cristo, para la Iglesia, para los hermanos— y su alegría nace del don de sí.


El Papa advierte contra dos tentaciones contemporáneas: el eficientismo (medir el valor por la productividad) y el quietismo (refugiarse en la inacción por miedo al mundo). La respuesta es la caridad pastoral, ese amor del Buen Pastor que une contemplación y acción, y que impulsa a evangelizar todas las dimensiones de la vida: la cultura, la economía, la política.


Mirando al futuro con esperanza

El documento concluye con un llamado a la oración y al compromiso vocacional. Ante la escasez de vocaciones en muchas regiones, el Papa insta a crear “ambientes impregnados del Evangelio” donde los jóvenes puedan descubrir la belleza de entregarse totalmente a Cristo y a su Iglesia.


“¡No hay futuro sin el cuidado de todas las vocaciones!”, escribe con urgencia pastoral. Y concluye con una hermosa cita del Cura de Ars: “El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”.


En un mundo sediento de autenticidad, comunión y esperanza, esta Carta Apostólica no solo ilumina el camino de los sacerdotes, sino que invita a toda la Iglesia a caminar junta, sostenida por una fidelidad que —lejos de encerrar en el pasado— abre horizontes nuevos para el anuncio del Evangelio.

 
 
 
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