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*Traducimos el texto publicado en Tredimensioni 19 (2022), pp. 214-22


Luca Balugani*

*Psicologo e psicoterapeuta (Modena), docente all’Istituto Superiore per Formatori.

«Quien toca muere» reza el cartel sobre las torres de alta tensión y parece ser también la advertencia implícita a toda reflexión teórica y estructurada sobre la homosexualidad. Si hay autores que frente a pacientes homosexuales proponen terapias reparadoras, he aquí que los Colegios profesionales se transforman en tribunales de la inquisición (!) y poco importa si esos caminos versan sobre la relación padre-hijo. Si, además, es la Iglesia la que reflexiona sobre la homosexualidad y lo hace específicamente dentro de la formación, entonces la electrocución se extiende no solo al autor sino a toda la comunidad cristiana. En los últimos años es fácil encontrar, en papel impreso y en línea, especialistas que han sido puestos en el banquillo a pesar de la fama, la experiencia de muchos años y la abundancia de publicaciones: porque sobre la homosexualidad se ha desatado un fanatismo futbolero por el cual toda opinión llega a ser legítima y de este modo prospera la anarquía teórica.


Stefano Guarinelli[1] se ha mostrado bien consciente del panorama contemporáneo e igualmente ha querido dar a difusión el trabajo que aquí se presenta, esforzándose por mantener junto al rigor metodológico, la adhesión a una psicología en relación con la antropología y también con la práctica del acompañamiento de caminos personales.


En el prefacio al volumen, el vicario episcopal de Milán, Luca Bressan, afirma que este ensayo es «un ejercicio», una especie de ejercicio de elongación para mantener en la Iglesia una elasticidad suficiente para estar a la altura de los tiempos. Al reconocerlo como un texto que merece la pena, Bressan invita a una lectura atenta por parte de las instituciones formativas: esto se ve reflejado también en el resto del libro, allí donde Guarinelli reconoce que los formadores en los Seminarios corren el riesgo de oscilar entre una mirada simplificadora  (la búsqueda de un diagnóstico, a menudo deficiente desde el plano científico) y el pasar por alto la orientación sexual, considerándola una imperfección entre muchas, en conjunto aceptable si en el otro plato de la balanza existen numerosas características adaptativas en el joven.

 

Una serie de “diferenciaciones”

 

No hace mucho tiempo, la homosexualidad se consideraba un dato patognomónico, el síntoma de una problemática significativa de la persona. En verdad todavía hoy hay formadores eclesiales que, a partir de la homosexualidad, prestan atención al eventual ejercicio de la genitalidad, mientras que no lo hacen en el caso de la heterosexualidad. Por otra parte, tampoco está dicho que la lógica binaria homo/hetero sea la única posible (el modelo caliente/frío) y no sea, en cambio, el caso de tomar en consideración la existencia de un continuum sobre el cual las personas se sitúan y oscilan.[2] Ya tratando de categorizar la cuestión, junto a «orientados en sentido homosexual, heterosexual y bisexual», Guarinelli añade a los «desorientados» y a los «no orientados».

  

En 2005 la Congregación para la Educación Católica había emitido una Instrucción[3] sobre la formación en los Seminarios y la orientación sexual, sin asumir una intención interpretativa. Guarinelli distingue tres coordenadas ofrecidas por el Vaticano:

 

1.     la exclusión de la práctica genital (aspecto que afecta también a la orientación heterosexual);

2.     el apoyo a una cultura gay (que Guarinelli interpreta como un enfoque acrítico y fundamentalista de la homosexualidad, pero esto podría valer para cualquier otro tipo de falta de voluntad en dejarse cuestionar);

3.     el arraigo de las tendencias homosexuales.

 

Este último punto (en realidad el segundo en la Instrucción) recibe mucha atención del autor porque se presta a ser equívoco. Hablar de "tendencia" es referirse a una organización estable que predispone a determinados actos; pero hay que decir también que, si no se inserta un rasgo o una tendencia dentro de un conjunto, se cae en un enfoque descriptivo que llega a ser clasificatorio a partir de pocos signos.

¿"Homosexualidad" es un contenedor variado o una clasificación diagnóstica única? ¿La terapia es el paso de la distonía («Tengo miedo de declarar públicamente mi homosexualidad») a la sintonía («Me acepto como soy y hago outing»), o un camino terapéutico que se preocupa en reconectar la orientación sexual con la identidad de la persona?

 

Una digresión analógica: el estilo de personalidad obsesivo-compulsivo

 

Para salir de este callejón sin salida, el autor recurre brillantemente a la analogía entre la homosexualidad y el estilo de personalidad (diferente del trastorno en su versión patológica) obsesivo-compulsivo. No hay dos personas iguales con este mismo estilo y al mismo tiempo es como si entraran en un paradigma común. Podría resumirse así: la psicogénesis de una personalidad obsesivo-compulsiva señala la presencia de una pregunta (afectiva) temprana que ha recibido una respuesta inadecuada y/o condicionada por el logro de algunos resultados: el niño a menudo crece con la convicción de que "no hace lo suficiente", de que no se ha esforzado y comprometido lo suficiente como para obtener la tan ansiada aprobación; "siente" que para ser amado y/o valorizado debe corresponder a ciertas expectativas que el medio ambiente (especialmente sus padres) tiene sobre él. Esto lo lleva, de manera no deliberada, a estabilizar algunos mecanismos de defensa y adaptación que van en la dirección del control. Tal control puede terminar reduciendo, contrayendo e incluso excluyendo la experiencia afectiva, o alternándola o sustituyéndola simbólicamente. Esa instancia de control puede ser más o menos dominante, pero allí donde logra mantener a raya las instancias afectivas, puede garantizar a la personalidad global algunos modos de actuar (performances) que, de manera particular en algunos contextos culturales y sociales, son muy apreciadas.


La persona obsesivo-compulsiva muestra de hecho un comportamiento lineal, suficientemente autónomo y, sobre todo, capaz de organizarse y organizar el entorno. De esto puede derivar la tendencia, en el curso de su propio desarrollo, a confirmar y reforzar ese estilo, mostrando mucha habilidad sobre todo en aquellas actividades - que no son pocas - que exigen orden, organización, puntualidad, eficiencia, capacidad de soportar la complejidad, razonamiento lógico y lineal, etc. A esto hay que añadir la presencia de una autonomía afectiva que en algunos casos puede implicar una cierta introversión, cierta distancia respecto a la intimidad, pero, al mismo tiempo, una considerable fiabilidad, un gran sentido de la responsabilidad personal y un espíritu de independencia, también en el juicio.  ¿No será útil que para quien elige el celibato por el Reino, se tenga una cierta independencia que también implique una autonomía afectiva? En resumen: ¿no será que muchas cosas en el mundo (incluida la Iglesia) "funcionan" precisamente gracias a aquellas personas que tienen una personalidad obsesivo-compulsiva?


Estas características, sin embargo, nacen de una imperfección evolutiva, pero nadie se atrevería a afirmar que ésta es en sí misma positiva, o "normal", o incluso deseable, sobre todo porque no implica aspectos meramente secundarios del desarrollo de la personalidad, sino cuestiones de relieve, como el cuidado y la respuesta afectiva precoces. Pero esa imperfección evolutiva pone los fundamentos para elementos talentosos de la personalidad que, no pocas veces, en la experiencia de la vocación cristiana se transforman, se transfiguran, en verdaderos carismas, en el sentido teológico del término. Sin embargo, también sientan las bases para rasgos de carácter que no son tan talentosos y que a menudo contribuyen a hacer de la interacción con una personalidad obsesivo-compulsiva un asunto no demasiado simple.


Sin embargo, incluso estos - que son rasgos, no talentos - pueden con todo refluir en el carisma de esa persona, a razón del primado teológico de la vocación: el carisma no es la prolongación del talento, porque el carisma a veces asume y transfigura aspectos de debilidad o vulnerabilidad de la personalidad y, sobre todo, porque, en el fondo, las partes "problemáticas" existen porque también existen las partes talentosas. Lo que significa que se comprenden dentro de un sistema global y no sin él.


La digresión analógica, mediante el recurso a un estilo de personalidad, tiene como objetivo mostrar cómo, cambiando el ámbito del discurso, se suavizan algunas características de personalidad, evitando involucrar un diagnóstico  (cualquiera que éste sea, incluyendo su ausencia que siempre es una afirmación diagnóstica de "normalidad") y de abordar el problema pasando por esa especie de filtro preliminar (patología sí/patología no) que, creando inmediatamente dos bandos, inhibe cualquier intento posterior de reflexión formativa (por consiguiente primariamente teológica), terminando en cambio por direccionar el camino hacia una confrontación a menudo ideológica, cuando no incluso hacia un conflicto abierto.

 

Ampliar el campo de las orientaciones

 

El conocimiento de la orientación sexual del candidato o del seminarista no debería hacerse simplemente buscando detectar la presencia de una tendencia homosexual, ya que según Guarinelli esta lectura es excesivamente reductiva y simplista.


Es necesario referir las respuestas de aquellos que se interrogan o se expresan sobre la propia orientación sexual en al menos cinco grupos, con la conciencia, también en este caso, de esquematizar y simplificar: «orientados en sentido heterosexual», «orientados en sentido homosexual», «orientados en sentido bisexual», «desorientados», «no orientados». Para complicar las cosas, en realidad, algunas personas caen simultáneamente en tipologías diferentes, a veces de manera relativamente estable, a veces por períodos cortos o más prolongados. Es bueno definir sobre todo los dos últimos grupos.


Los «desorientados» son aquellos que no pueden reconocer muy bien el objeto del propio interés sexual. Es incluso posible que declaren un interés, a pesar de ser atraídos, de manera más o menos explícita o consciente, por un interés diferente, o por uno y por otro. También entran aquí aquellos que tienen realmente una gran confusión, afectiva, pero a veces también cognitiva, sobre todo lo que haga referencia a este ámbito antropológico.


Los «no orientados» son en cambio los que declaran una orientación y probablemente estén también convencidos de que efectivamente las cosas son así, salvo que, para ellos, el interés sexual es un dinamismo principalmente nominal, nocional, no integrado dentro de un interés afectivo-relacional por otra persona. Se trata de personas que, por razones muy diversas, pueden «representarse» la experiencia relacional (afectiva y sexual), como si «no fuera para ellos». La falta de interés relacional, sin embargo, no necesariamente anula o compromete lo sexual-genital. En estos casos, el interés sexual puede reducirse a la necesidad de una liberación pulsional, sin que esté implicada la dimensión afectiva, pero, en algunos, aquella resulta en su conjunto indiferente a la orientación sexual.

 

El camino hacia la madurez

 

La madurez es donde recae el peso de los documentos eclesiales en el ámbito de la formación. Guarinelli repasa las diferentes contribuciones, poniendo de relieve el aspecto relacional (compasión, ternura, fidelidad, coherencia...), el aspecto interior (conocimiento de sí mismo, formación intelectual...), la integración de la debilidad y el aspecto comunitario. Como sucede a menudo, los documentos presentan un identikit al borde de la perfección, tanto que cualquiera que saliera del Seminario o dejase el ministerio sería fácilmente etiquetado como inmaduro: «Maestro, ¿quién podrá salvarse?».


La madurez es redefinida por Guarinelli como un camino (proceso) y no como las piernas (estructura): no una propiedad de la persona sino la interacción entre las múltiples estructuras de la persona y el contexto humano y ambiental en la que vive. Por lo tanto, la persona madura es la persona que sabe caminar, que ha aprendido un proceso que hace probable (aunque no por descontado) un determinado logro. De este modo, sin embargo, se puede hablar también de madurez del contexto: de aquel Seminario, de aquella parroquia, de aquella comunidad... Hay una responsabilidad de la Iglesia en la madurez de sus jóvenes y de sus llamados: la madurez está siempre en consorcio entre individuos y comunidades.


Volviendo a enfocar en la persona, la pregunta principal se convierte en: ¿cuándo un vínculo afectivo puede ser considerado inmaduro? Ciertamente hay signos evidentes de patología tales como lazos fusionales o simbióticos, incapacidad para "sentir" al otro, pérdida de límites...

Pero también hay patologías relacionales que se mueven sobre una línea al cabo de la cual no tenemos una problemática evidente:

 

•        la dependencia, cuando se convierte en incapacidad para soportar cada frustración afectiva, con el terror de la pérdida del otro (y de sí mismos);

•        la inferioridad, cuando se transforma en búsqueda continua de confirmación sin que nunca sacie el hambre de reconocimiento;

•        la permeabilidad de las fronteras, cuando desemboca en una voluntad de control sobre el otro (o de dejarse dominar).

 

Nos podríamos preguntar si estas problemáticas se corresponden más a una orientación sexual que a otra, sin perjuicio que de todos modos ninguna pierda la propia dimensión de riesgo, independientemente de la identidad sexual. En el fondo los focos de la cuestión podrían resumirse así:

 

  • la cualidad de la búsqueda de y de la relación con otra persona, a partir del proceso de identificación hasta la dimensión sexual;

  • la reconfiguración del Ser o de una identidad que debe hacer frente a los numerosos cambios que ocurren en la vida;

  • la madurez del contexto formativo: no hay que olvidar que en el Seminario están presentes solamente "otros iguales", y cuando forman parte personas orientadas homosexual, bi orientadas o no orientadas, pueden aumentar las agitaciones y las dobles vidas.

 

La subjetividad de la institución

 

¿Quiénes son los actores en un Seminario? Sin duda el formando, de quien ya se ha hablado. Luego están los formadores (sacerdotes dedicados a tiempo completo o que dividen su tiempo con otras tareas) cuya vida "profesional" y afectiva se juegan en el mismo espacio, siempre que exista una vida afectiva en ese célibe, porque los "otros" podrían incluso faltar. En el polo opuesto puede ocurrir que se conforme una complicidad que se acerca a la folie à deux (Trastorno psicótico compartido) Y luego hay un tercer actor: el grupo. Aunque la estructura psicológica del individuo no es transferible al grupo, permanece firme que si la formación tiene lugar dentro de un contexto comunitario, significa que éste tiene una fuerza propia, puesta en evidencia constantemente por los documentos eclesiales sobre la formación. Esta fuerza viene de la construcción de una narrativa común que ejerce presión sobre los diferentes protagonistas siguiendo una especie de guion y que se condensa y simboliza en la persona del líder. Ejemplos de estos libretos pueden ser un celibato tranquilizador respecto a la propia timidez o la proyección sobre la existencia de otros de vivencias reprimidas (la dureza, el enamoramiento y la propia orientación homosexual o de desorientación). Por este motivo, la subjetividad del grupo puede funcionar a nivel visible según cánones adultos y serios, mientras que en un nivel subyacente pueden permanecer preguntas regresivas de identificación o de satisfacción de necesidades infantiles.


Existe luego una cultura más amplia, que es el oxígeno que se respira también en las paredes del Seminario. El celibato no está exento de los cambios epocales en curso, como la invasión de la red en los espacios existenciales, un emocionalismo que corre el riesgo de convertirse en dictatorial, una sexualidad omnipresente y desvergonzada: todo esto entra en una casa de formación, desde el educador y desde los educados.

 

¿Y la moral cristiana?

 

Algunos lectores estarán decepcionados al no encontrar en el libro una profundización moral relativa a los actos homosexuales. Sobre esto Guarinelli afirma que el celibato excluiría la genitalidad y sobre la base de esta razón ha eludido "estratégicamente" la perspectiva moral.

Más bien, el autor elabora una reflexión teológica sobre la vocación, la cual se conecta con la dimensión carismática más que con los talentos o habilidades del llamado. La habilidad viene de una historia personal, a veces como compensación de una carencia; la carismaticidad hace referencia en cambio al todo de la persona, incluso lo que no es talento. En este sentido, el formador no será un cazador de brujas, destinado a desenmascarar la presencia de la homosexualidad, sino alguien que trabaje en la integración entre habilidades o talentos y entrega de sí mismo en la perspectiva del Reino de Dios, sin olvidar la orientación sexual del candidato. La antropología cristiana se convierte en un instrumento interpretativo mucho más importante que los criterios diagnósticos ofrecidos por la clasificación psicológica estadística. El presbítero es un "célibe para el Reino" y no un soltero: esta peculiaridad no puede ser ignorada.


[1] S. Guarinelli, Omosessualità e sacerdozio. Questioni formative, Àncora, Milano 2019.

[2] Basta tomar una serie de afirmaciones que en p. 25 el mismo Guarinelli enumera: «Soy homosexual», «Quizás soy homosexual», «Tengo dudas respecto a mi orientación sexual», «En algunas circunstancias siento atracción sexual hacia personas de mi sexo, en otras hacia personas del otro sexo», «siento igual atracción por personas de mí mismo sexo y del otro sexo», etc.

[3] Congregazione per L’Educazione Cattolica, Istruzione della Congregazione per l’Educazione Cattolica circa i criteri di discernimento vocazionale riguardo alle persone con tendenze omosessuali in vista della loro ammissione al Seminario e agli Ordini sacri, 2, https://www.vatican.va 


Pbro. Federico Nadalich

Introducción 

En el presente trabajo se intentará profundizar sobre los antecedentes  históricos y de qué manera son realizados los escrutinios, de los que habla el  Derecho Canónico en los cánones 1050 al 1052. Se tomará también en cuenta  las aclaraciones que realiza la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis (RFIS) que la Congregación para el Clero ha publicado en el año 2016.  


Se podría preguntar ¿qué se entiende por “escrutinio”?, para lo cual se  podría hacer una aproximación a partir de lo que define la RFIS del año 2016,  que define los escrutinios de la siguiente manera:

 

Se denomina “escrutinio” al acto de discernimiento de la idoneidad de un candidato,  que debe realizarse en cinco momentos, a lo largo del itinerario de la formación  sacerdotal: admisión entre los candidatos a las órdenes, ministerios (de lector y de  acólito), diaconado y presbiterado. (…). Los escrutinios tienen como finalidad  verificar las cualidades y condiciones personales de un candidato en cada uno de los  momentos referidos del itinerario formativo. (RFIS 204) [1]

Mientras que el diccionario general de derecho canónico tiene una  definición similar, pero aclara que al término “escrutinio” el derecho  canónico lo usa para designar al acto de discernimiento acerca de la  idoneidad de un candidato a las órdenes y ministerios sagrados. [2]

 

Antecedentes históricos 


Este discernimiento sobre la idoneidad de los candidatos al orden sagrado,  llamados escrutinios, tienen ya sus inicios en la época de los apóstoles, es el mismo San Pablo, quien en sus cartas a Tito y a Timoteo establece una lista  de las condiciones que debería tener quienes son llamados al presbiterado y  al diaconado, estas condiciones son las que se tenían en cuenta en los  primeros tiempos de la Iglesia. [3]

  

Se podría sintetizar las características que deberían tener quienes son  llamados a presidir la comunidad, y a quienes ejercerán el diaconado, San  Pablo propone la siguiente lista: que sean irreprochables, haberse casado una  sola vez, que tengan hijos creyentes, que sepan gobernar su propia casa, no  deben ser arrogantes, ni coléricos, ni bebedor, ni pendenciero, ni habido de  ganancias deshonestas, que no sea un reciente convertido. Debe ser  hospitalario, indulgente, equilibrado, ordenado, desinteresado, moderado,  justo, piadoso, dueño de sí, gozar de buena fama, respetable. Debe ser apto  para la enseñanza, capaz de exhortar en la sana doctrina. También es de  destacar que en la carta a Timoteo llega a decir lo siguiente: “primero se los  pondrá a prueba, y luego, si no hay nada que reprocharles, se los admitirá  al diaconado.” (1Tim 3, 10). 


El concilio de Nicea I, del año 325, propone, en el canon 22, que los que  quieran ser ordenados deben ser sometidos a un examen, mientras que el III  concilio de Cartago, del año 397 extendió esta norma también para todas las  ordenaciones, y no solo para los presbíteros. [4] 


En la Statuta Ecclesiae Antiqua, a mediados o a fines del siglo V, se describe sobre qué puntos debe ser examinado el que ha de ser ordenado  obispo, y si una vez examinado es encontrado plenamente instruido, se  requiere además el consentimiento de los clérigos y de los laicos, luego para  ser ordenado obispo además deben reunirse los obispos de la provincia (Cf.  DS 325).

 

El decreto de Graciano ha dejado constancia de las fuentes del primer  milenio sobre el tema de los escrutinios. Básicamente en el primer milenio  “las condiciones siempre fueron las mismas: edad, salud, idoneidad moral y  ciencia, a las que se agregaron algunas otras que afectan a la calidad de la  persona”. [5]


En cuanto a los tiempos más modernos se puede nombrar al código del  derecho canónico de 1917, se hablaba de cómo debía iniciarse el expediente  de ordenación, en el que debían constar el “testimonio del rector del  seminario, o del sacerdote a quien el candidato haya estado confiado fuera  de él, acerca de las buenas costumbre del mismo candidato” (Canon 993§3). 


Antes de arribar al derecho canónico de 1983, se pueden al menos  mencionar tres instrucciones a tener en cuenta. La primera, la instrucción  “Quam ingens”, del año 1930, de la Sagrada congregación de Ritos, en la  que se disponía que se debían realizar cuatro escrutinios (antes de la tonsura,  del subdiaconado, del diaconado, y presbiterado). La segunda Instrucción es  la “Quantum religiones”, del año 1931, de la Sagrada Congregación de  Religiosos, que habla de la formación de los religiosos que recibirán el orden  sagrado, y establece para ellos también la necesidad de los escrutinios.  Mientras que, en el año 1955, la Sagrada Congregación de Ritos, con la  instrucción “Magna equidem” completo y confirmo las anteriores  instrucciones. [6]


A partir del Código de Derecho Canónico de 1983 


En el código de derecho canónico de 1983, en los cánones 1050 a 1052 se  reseñan los documentos que se requieren y la investigación necesaria para  realizar los escrutinios que tratan de verificar la idoneidad del candidato. 


En el canon 1050 se establece que la documentación necesaria para quien  solicita acceder a las sagradas ordenes es la siguiente: 

1. Certificado de los estudios a tenor del canon 1032 

2. Tratándose de la ordenación de presbíteros: 

a. Certificado de que han recibido el diaconado 

3. Tratándose de la ordenación de diáconos: 

a. Certificado de bautismo y confirmación 

b. Certificado que han recibido los ministerios a los que se refiere  el canon 1035 

c. Certificado de que han hecho la declaración prescripta en el  canon 1036 

d. Si se trata de un casado que será promovido al diaconado  permanente, los certificados de matrimonio y de consentimiento  de su mujer. 


En el canon 1051 se establecen las cualidades que se requieren en el  candidato al orden:


1. El rector del seminario o de la casa de formación ha de certificar que  el candidato posee las cualidades necesarias para recibir el orden, es  decir, doctrina recta, piedad sincera, buenas costumbres y aptitud para  ejercer el ministerio; e igualmente, después de la investigación  oportuna, hará constar su estado de salud física y psíquica; 

2. para que la investigación sea realizada convenientemente, el Obispo  diocesano o el Superior mayor puede emplear otros medios que le  parezcan útiles, atendiendo a las circunstancias de tiempo y de lugar,  como son las cartas testimoniales, las proclamas u otras  informaciones. 


Se entiende entonces que el escrutinio es el acto de discernimiento por el  cual el Obispo o superior mayor verifica las cualidades y condiciones  personales del candidato. Se requiere que estos escrutinios se realicen al  menos en cinco momentos en el camino de formación: antes de la admisión  (Cf. Canon 1034§1), antes de los ministerios de lectorado y acolitado (Cf.  Canon 1035), y previo a la promoción al diaconado y al presbiterado (Cf.  Canon 1036). [7]


Que sean obligatorios estos cinco escrutinios, no quita la responsabilidad  y la importancia, a la que también hay que prestar la debida atención, del  discernimiento que se realiza previo al ingreso al seminario o casa de  formación. También es importante tener en cuenta que el obispo o superior  mayor solo pueden impedir la ordenación sacerdotal de quien ya ha sido  ordenado diacono en vistas al sacerdocio si se encuentra alguna cuestión canónica o que haya permanecido oculta previamente[8], como se lo puede leer  en la carta circular “Los escrutinios acerca de la idoneidad de los  candidatos”:

 

El juicio acerca de la idoneidad del candidato para recibir el diaconado en tránsito al  presbiterado incluye el de su idoneidad para el sacerdocio. No se puede llamar a un  candidato a recibir el diaconado si aún hay dudas acerca de su idoneidad para el  sacerdocio. Por este motivo, el escrutinio para el diaconado es muy decisivo y, si es  positivo, sólo antecedentes nuevos y graves podrían cambiar el juicio en el escrutinio  para el sacerdocio. [9]

 

Por esta razón es necesario que se realicen de forma exhaustiva todos los  escrutinios, pero considerando especialmente en el escrutinio previo a la  ordenación diaconal, si el candidato tiene las condiciones necesarias para  luego recibir la ordenación presbiteral (Cf. Canon 1030). Teniendo presente  que la aprobación para recibir la ordenación al diaconado transitorio implica  de alguna manera un juicio sobre la idoneidad para el presbiterado, no se  debe admitir a nadie al diaconado de forma ad experimentum (Cf. RFIS 209).


Al momento de realizar los escrutinios debe quedar en claro que los  candidatos a recibir el orden conocen debidamente lo que se refiere a la  ordenación y las obligaciones que lleva consigo la ordenación (cf. Canon  1029). Como así también el obispo o superior mayor competente deben  evaluar que los candidatos “tienen una fe íntegra, están movidos por recta  intención, poseen la ciencia debida, gozan de buena fama y costumbres  intachables, virtudes probadas y otras cualidades físicas y psíquicas  congruentes con el orden que van a recibir” (canon 1029).

  

Todas estas constancias deben quedar registradas en un documento, con  el debido cuidado de respetar el derecho a la intimidad del candidato, a rigor  del canon 220. Incluso se puede, se recomienda, buscar la ayuda de peritos  en lo que resguarda a la salud psíquica del candidato. [10] Toda la  documentación debe quedar adjuntada en una carpeta, o dossier, que será archivada en el seminario, y luego de la ordenación diaconal será archivada  en la sede del obispado. [11] 


A partir del canon 1052, se desprende que cuando un obispo por derecho  propio le conferirá la ordenación a súbdito propio debe tener constancia de  que se han recibido los documentos indicados en el canon 1050, mientras  que si ordenará a un súbdito ajeno le es suficiente con las cartas dimisorias  que dejen constancia de la existencia de dichos documentos y de que se han  realizado los escrutinios pertinentes. (Cf canon 1052 §1 y §2)

 

Una de las cuestiones que debería prestarse atención en este canon 1052,  es lo que establece en el parágrafo §3, que dice: “Si, a pesar de todo esto, el  Obispo duda con razones ciertas de la idoneidad del candidato para recibir  las órdenes, no lo debe ordenar”. Se insiste que si el obispo tiene una duda sobre la idoneidad del candidato no debe proceder a ordenarlo, esta duda  debe fundarse objetivamente, incluso esta responsabilidad del obispo  ordenante esta por sobre los superiores mayores de los institutos de vida  consagrada.[12]


Aspectos a tener en cuenta 

Luego de haber realizado un pequeño recorrido histórico y por el parte del  magisterio de la Iglesia, se puede destacar algunos puntos en común sobre  los escrutinios, a partir de lo propuesto en la Ratio Fundamentalis  Institutionis Sacerdotalis (2016) y los demás documentos vistos: 


En cuanto a los momentos en los que debe realizarse los escrutinios para  evaluar la idoneidad de los candidatos son cinco (Cf. RFIS 204): [13] 


1. Previo a recibir la admisión entre los candidatos a las ordenes

2. Previo a recibir el ministerio del lectorado  

3. Previo a recibir el ministerio del acolitado 

4. Previo a recibir la ordenación diaconal 

5. Previo a recibir la ordenación presbiteral. 


Para cada uno de los escrutinios el equipo formador deberá presentar al  obispo los siguientes documentos (Cf RFIS 205): [14]

• Solicitud manuscrita del candidato 

• Informe detallado del Rector del seminario 

• Informe colegial de los sacerdotes formadores del seminario • Informe del párroco de origen 

• Informe de aquellos con quienes el candidato ha realizado su  colaboración pastoral 

• Resultado de las proclamas previas al diaconado y presbiterado  • Profesión de fe católica firmada propria manu, previa a la ordenación  diaconal 

• Juramento de fidelidad, antes de la ordenación diaconal y presbiteral • Declaración personal acerca del conocimiento sobre las obligaciones  y compromisos que la ordenación implica, especialmente acerca del  celibato. Esta declaración debe ser manuscrita y expresada con  palabras propias. 


Para resguardar la intimidad del candidato, se deberán tener en cuenta  algunas cuestiones de importancia. En primer lugar, no se debe incluir el  parecer ni del director espiritual, ni de los moderadores del fuero internos,  como así tampoco el parecer de los confesores (Cf. Canon 240§2). Todos  estos documentos deben ser guardados en una carpeta en el seminario, y  luego de la ordenación quedarán en el archivo personal del sacerdote de la  curia. Como así también debe registrarse la ordenación en un libro especial  (Cf. Canon 1053) y el obispo o el superior mayor deben informar  debidamente a la parroquia donde ha sido bautizado, para que el párroco  haga la anotación pertinente en el libro de bautismos (Cf. Canon 1054). [15] 


A rigor del canon 220, que dice: “A nadie le es lícito lesionar  ilegítimamente la buena fama de que alguien goza, ni violar el derecho de  cada persona a proteger su propia intimidad” se desprende que no es licito  a nadie excederse en el “empleo de la información” a la hora de realizar el  discernimiento. Por otro lado, se entiende que el candidato tiene “el derecho  a la información” relativa al discernimiento que se realiza sobre su petición. [16] 


Conclusión 


A lo largo de este breve trabajo se ha hecho primero una aproximación al  desarrollo y el proceso por el cual se ha transcurrido, desde las indicaciones  que San Pablo ha desarrollado hasta las indicaciones actuales del Derecho  Canónico y la RFIS actual. 


Es muy interesante poder observar en este recorrido histórico como en  forma general se han mantenido unas indicaciones similares, o que se  incluyen mutuamente, como se puede observar en el elenco de las  condiciones que se establecen en el canon 1029.

 

Cuando se observa la RFIS se constata que el tema de los escrutinios es el  último tema que trata, a lo largo de todo el documento se hace un desarrollo  de la importancia de la formación, las dimensiones y el proceso, para  concluir con los escrutinios, siendo estos la formade evaluar todo el proceso  de la formación inicial.

 

Se ha querido además destacar en el presente trabajo la importancia de los  documentos que se deben presentar para cada uno de los cinco escrutinios, ha de destacarse la importancia de observar la idoneidad del candidato en el  escrutinio previo a la ordenación diaconal, donde se debe evaluar si tiene las  condiciones para luego recibir la ordenación presbiteral, ya que solo una  razón grave podría hacer que el obispo no ordene presbítero a quien ya ha  recibido el diaconado transitorio (Cf. Canon 1030; Cf. RFIS 209).


Citas:

[1] CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, 204

[2]  Diccionario general de derecho canónico, Volumen III, Universidad de Navarra, Navarra 2012, pág. 704

[3] Cf. BUSSO, La fidelidad del apóstol, Tomo I, EDUCA, Buenos Aires 2004, págs. 223-224

[4] Cf. BUSSO, La fidelidad del apóstol, Tomo I, EDUCA, Buenos Aires 2004, pág. 224

[5] Diccionario general de derecho canónico, Volumen III, Universidad de Navarra, Navarra 2012, pág. 704

[6] Cf. BUSSO, La fidelidad del apóstol, Tomo I, EDUCA, Buenos Aires 2004, págs. 225-226; Cf. Diccionario general de derecho canónico, Volumen III, Universidad de Navarra, Navarra 2012, pág. 705

[7] Cf. GHIRLANDA, Il sacramento dell’ordine e la vita dei chierici, GBP, Roma 2019, pág. 139 Cf. CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, 204

[8] Cf. GHIRLANDA, Il sacramento dell’ordine e la vita dei chierici, GBP, Roma 2019, pág. 140

[9] CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, “los escrutinios acerca de la idoneidad de los candidatos” (10 de noviembre de 1997), 11

[10] Cf. GHIRLANDA, Il sacramento dell’ordine e la vita dei chierici, GBP, Roma 2019, pág. 140

[11] Cf. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, “los escrutinios acerca de la idoneidad de los candidatos”, ANEXO IV: Algunos actos especiales que deben hacerse antes de las ordenaciones diaconal y presbiteral; Cf. BUSSO, La fidelidad del apóstol, Tomo I, EDUCA, Buenos Aires 2004, págs. 239-240; Cf. GHIRLANDA, Il sacramento dell’ordine e la vita dei chierici, GBP, Roma 2019, pág. 141-.

[12] Cf. GHIRLANDA, Il sacramento dell’ordine e la vita dei chierici, GBP, Roma 2019, pág. 143; Cf. CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, 210

[13]  Cf. Canones 1034-1036. Cf. GHIRLANDA, Il sacramento dell’ordine e la vita dei chierici, GBP, Roma 2019, pág. 139 Cf. BUSSO, La fidelidad del apóstol, Tomo I, EDUCA, Buenos Aires 2004, pág. 224.

[14] Cf. Canon 1050 Cf. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, “los escrutinios acerca de la idoneidad de los candidatos”, ANEXO II: documentación para el escrutinio en cada uno de los momentos litúrgicos del iter hacia el sacerdocio Cf. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, “los escrutinios acerca de la idoneidad de los candidatos”, ANEXO IV: Algunos actos especiales que deben hacerse antes de las ordenaciones diaconal y presbiteral Cf. GHIRLANDA, Il sacramento dell’ordine e la vita dei chierici, GBP, Roma 2019, pág. 138 Cf. Derecho Canónico II: El derecho en la misión de la Iglesia, BAC, Madrid 2006, pág. 102

[15]  Cf. Derecho Canónico II: El derecho en la misión de la Iglesia, BAC, Madrid 2006, pág. 103

[16] Cf. BUSSO, La fidelidad del apóstol, Tomo I, EDUCA, Buenos Aires 2004, págs. 227-228





Bibliografía:  

CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, El don de la vocación sacerdotal.  Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis. (2016) 

CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Pautas para el  uso de habilidades psicológicas en la admisión y formación de  candidatos al sacerdocio. (2008) 

CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE  LOS SACRAMENTOS, “los escrutinios acerca de la idoneidad de  los candidatos”, ANEXO II: documentación para el escrutinio en  cada uno de los momentos litúrgicos del iter hacia el sacerdocio  (1997) 

Código De Derecho Canónico 

ANCILLI, Diccionario de espiritualidad, Herder, Barcelona 1984 

AA.VV., Derecho Canónico II: El derecho en la misión de la Iglesia, BAC,  Madrid 2006 

AA.VV. Diccionario general de derecho canónico, Volumen III,  Universidad de Navarra, Navarra 2012 

BUSSO, La fidelidad del apóstol, Tomo I, EDUCA, Buenos Aires 2004. 

GHIRLANDA, Il sacramento dell’ordine e la vita dei chierici (Cann. 1008- 1054; 232-297), GBP, Roma 2019


266° Papa de la Iglesia católica

Inicio del pontificado: 13,19.III.2013

Fin del pontificado: 21.IV.2025

Nombre secular: Jorge Mario Bergoglio

Nacimiento: Buenos Aires (Argentina)


El primer Papa americano es el jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, de 76 años, arzobispo de Buenos Aires. Es una figura destacada de todo el continente y un pastor sencillo y muy querido en su diócesis, que ha visitado a lo ancho y a lo largo, incluso trasladándose en medios de transporte público, en los quince años de ministerio episcopal.


«Mi gente es pobre y yo soy uno de ellos», ha dicho más de una vez para explicar la opción de vivir en un apartamento y de prepararse la cena él mismo. A sus sacerdotes siempre les ha recomendado misericordia, valentía apostólica y puertas abiertas a todos. Lo peor que puede suceder en la Iglesia, explicó en algunas circunstancias, «es aquello que De Lubac llama mundanidad espiritual», que significa «ponerse a sí mismo en el centro». Y cuando cita la justicia social, invita en primer lugar a volver a tomar el catecismo, a redescubrir los diez mandamientos y las bienaventuranzas. Su proyecto es sencillo: si se sigue a Cristo, se comprende que «pisotear la dignidad de una persona es pecado grave».


Su biografía oficial es de pocas líneas, al menos hasta el nombramiento como arzobispo de Buenos Aires. Llegó a ser un punto de referencia por sus fuertes tomas de posición durante la dramática crisis económica que devastó el país en 2001.


En la capital argentina nació el 17 de diciembre de 1936, hijo de emigrantes piamonteses: su padre, Mario, era contador, empleado en ferrocarril, mientras que su madre, Regina Sivori, se ocupaba de la casa y de la educación de los cinco hijos.


Se diplomó como técnico químico, y eligió luego el camino del sacerdocio entrando en el seminario diocesano de Villa Devoto. El 11 de marzo de 1958 pasó al noviciado de la Compañía de Jesús. Completó los estudios de humanidades en Chile y en 1963, al regresar a Argentina, se licenció en filosofía en el Colegio San José, de San Miguel. Entre 1964 y 1965 fue profesor de literatura y psicología en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe y en 1966 enseñó las mismas materias en el Colegio del Salvador en Buenos Aires. De 1967 a 1970 estudió teología en el Colegio San José, y obtuvo la licenciatura.


El 13 de diciembre de 1969 recibió la ordenación sacerdotal de manos del arzobispo Ramón José Castellano. Prosiguió la preparación en la Compañía de 1970 a 1971 en Alcalá de Henares (España), y el 22 de abril de 1973 emitió la profesión perpetua. De nuevo en Argentina, fue maestro de novicios en Villa Barilari en San Miguel, profesor en la facultad de teología, consultor de la provincia de la Compañía de Jesús y también rector del Colegio.

El 31 de julio de 1973 fue elegido provincial de los jesuitas de Argentina, tarea que desempeñó durante seis años. Después reanudó el trabajo en el campo universitario y entre 1980 y 1986 es de nuevo rector del colegio de San José, además de párroco en San Miguel. En marzo de 1986 se traslada a Alemania para ultimar la tesis doctoral; posteriormente los superiores le envían al colegio del Salvador en Buenos Aires y después a la iglesia de la Compañía de la ciudad de Córdoba, como director espiritual y confesor.


Es el cardenal Antonio Quarracino quien le llama como su estrecho colaborador en Buenos Aires. Así, el 20 de mayo de 1992 Juan Pablo ii le nombra obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires. El 27 de junio recibe en la catedral la ordenación episcopal de manos del purpurado. Como lema elige Miserando atque eligendo y en el escudo incluye el cristograma ihs, símbolo de la Compañía de Jesús.


Concede su primera entrevista como obispo a un pequeño periódico parroquial, «Estrellita de Belén». Es nombrado enseguida vicario episcopal de la zona de Flores y el 21 de diciembre de 1993 se le encomienda también la tarea de vicario general de la arquidiócesis. Por lo tanto no sorprendió que el 3 de junio de 1997 fuera promovido como arzobispo coadjutor de Buenos Aires. Antes de nueve meses, a la muerte del cardenal Quarracino, le sucede, el 28 de febrero de 1998, como arzobispo, primado de Argentina. El 6 de noviembre sucesivo fue nombrado Ordinario para los fieles de rito oriental residentes en el país y desprovistos de Ordinario del propio rito.


Tres años después, en el Consistorio del 21 de febrero de 2001, Juan Pablo ii le crea cardenal, asignándole el título de san Roberto Bellarmino. En esa ocasión, invita a los fieles a no acudir a Roma para celebrar la púrpura y a destinar a los pobres el importe del viaje. Gran canciller de la Universidad Católica Argentina, es autor de los libros Meditaciones para religiosos (1982), Reflexiones sobre la vida apostólica (1986) y Reflexiones de esperanza (1992).


En octubre de 2001 es nombrado relator general adjunto para la décima asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, dedicada al ministerio episcopal, encargo recibido en el último momento en sustitución del cardenal Edward Michael Egan, arzobispo de Nueva York, de presencia necesaria en su país a causa de los ataques terroristas del 11 de septiembre. En el Sínodo subraya en particular la «misión profética del obispo», su «ser profeta de justicia», su deber de «predicar incesantemente» la doctrina social de la Iglesia, pero también de «expresar un juicio auténtico en materia de fe y de moral».


Mientras, en América Latina su figura se hace cada vez más popular. A pesar de ello, no pierde la sobriedad de trato y el estilo de vida riguroso, por alguno definido casi «ascético». Con este espíritu en 2002 declina el nombramiento como presidente de la Conferencia episcopal argentina, pero tres años después es elegido y más tarde reconfirmado por otro trienio en 2008. Entre tanto, en abril de 2005, participa en el cónclave en el que es elegido Benedicto XVI.


Como arzobispo de Buenos Aires —diócesis de más de tres millones de habitantes— piensa en un proyecto misionero centrado en la comunión y en la evangelización. Cuatro los objetivos principales: comunidades abiertas y fraternas; protagonismo de un laicado consciente; evangelización dirigida a cada habitante de la ciudad; asistencia a los pobres y a los enfermos. Apunta a reevangelizar Buenos Aires «teniendo en cuenta a quien allí vive, cómo está hecha, su historia». Invita a sacerdotes y laicos a trabajar juntos. En septiembre de 2009 lanza a nivel nacional la campaña de solidaridad por el bicentenario de la independencia del país: doscientas obras de caridad para llevar a cabo hasta 2016. Y, en clave continental, alimenta fuertes esperanzas en la estela del mensaje de la Conferencia de Aparecida de 2007, que define «la Evangelii nuntiandi de América Latina».


Hasta el inicio de la sede vacante era miembro de las Congregaciones para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, para el clero, para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica; del Consejo pontificio para la familia y de la Comisión pontificia para América Latina.


Algunos de los temas en sus mensajes relacionados con la formación sacerdotal incluyen:


  • La centralidad de Jesús: Recordando que el Señor debe ser el centro de la vida del sacerdote, evitando el clericalismo y el protagonismo personal.

  • La cercanía con Dios y con el pueblo: Insistiendo en la importancia de la oración personal y el encuentro con las personas, especialmente con los que sufren.

  • La alegría del Evangelio: Animando a compartir la alegría de ser discípulos y apóstoles, evitando la amargura.

  • El perdón: Exhortando a los sacerdotes a ser ministros de la misericordia, perdonando siempre en el sacramento de la Reconciliación.

  • La importancia de la formación continua: Recordando que la formación no termina en el seminario, sino que es un camino constante.

  • El servicio y la gratuidad: Subrayando que la vocación sacerdotal es un don para ser entregado gratuitamente al servicio de la comunidad.

  • La necesidad de unidad en el presbiterio: Fomentando la fraternidad y la colaboración entre los sacerdotes.




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